sábado, 20 de mayo de 2017

América Latina entre 1830 y 1914: situación política


SITUACIÓN POLÍTICA


Desde 1810 hasta 1824 se sucedieron en toda Latinoamérica las guerras de independencia.
Se puso fin a la dominación europea y con ella sobrevino el fraccionamiento de los antiguos virreinatos y capitanías. 
El sueño de Bolívar de una América unida fracasó, surgiendo numerosos estados.
Las causas del fraccionamiento fueron varias:                                                           
-Existencia de grandes espacios y dificultades de comunicación.                                    
-Selvas, desiertos, cadenas montañosas, inmensos ríos, le dan al continente dimensiones sobrehumanas, lo que contribuyó  a  la fragmentación política llamada también “balcanización”.  
-La guerra casi permanente por: rivalidades entre jefes revolucionarios, la navegación de los ríos, la explotación de minas y los  límites territoriales.   
-La diplomacia inglesa, interesada en la división por motivos económicos, apoyó en general los intentos separatistas.

Período de anarquía: 1830-1870


Al finalizar la revolución independentista, Latinoamérica vivió bajo el signo de inestabilidad política, la guerra civil y la lucha de fracciones. 
Los americanos se enfrentaron esgrimiendo banderas que correspondían a diversas concepciones políticas de origen europeo: liberales contra conservadores, monárquicos contra republicanos y entre estos últimos, unitarios contra federales. Los conservadores no admitían ningún cambio, continuando el orden tradicional. Generalmente eran monárquicos, clericales y terratenientes y no admitían la igualdad social. Conservaban sus puntos de vista colonialistas tratando de establecer en América monarquías nacionales. Esta tendencia triunfó en México bajo los gobiernos de Iturbide (1822-1823) y el de Maximiliano de Austria, impuesto por Francia en 1863. Los liberales eran partidarios de la república, la soberanía popular, la igualdad y la fraternidad. Con estas ideas pretendían organizar los nuevos estados nacionales, querían la libertad máxima del individuo y luchaban contra los privilegios, el poder de la Iglesia Católica en la sociedad y las trabas económicas.  Las constituciones escritas se transformaron en una obsesión al estar convencidos de que ellas eran la garantía de la existencia de los nuevos estados. Existía la creencia optimista de que la ley en un país podía cambiar la realidad. Esto hizo que los políticos se preocuparan por redactar sucesivas constituciones imitando las de Europa y Estados Unidos. Se crean poderes ejecutivos presidencialistas muy fuertes: nombraban autoridades locales, declaraban estados de sitio, controlaban las elecciones y excluían a los pobres y analfabetos de la ciudadanía, limitando al máximo ese derecho. A pesar de los esfuerzos constitucionalistas de algunos sectores, el orden no pudo ser impuesto sino hasta la segunda mitad del siglo XIX. Muchas veces fracasaron porque carecían de experiencia política. El clima político se complicó con la presencia de los caudillos y de los ejércitos, cuyo poderío aumentó luego de la revolución. Las guerras de independencia generaron una violencia que impregnó la vida cotidiana a tal punto que después de ella, fue necesario recurrir a las armas para mantener el orden. El militarismo no fue un remedio seguro, pues era un instrumento de poder de muchos jefes criollos que la utilizaron para sus fines personales. Además el mantenimiento de los ejércitos fue muy costoso y debilitó las rentas de los estados. La realidad rural fue dominada por la figura carismática del caudillo, con gravitación local, regional o nacional, cuya influencia constituyó junto al militarismo, un  factor de disgregación y anarquía en esta primera etapa de organización nacional. Los caudillos aprovecharon el vacío de poder terminadas las luchas por la independencia y ante la cantidad de problemas que quedaron sin resolver. Lucharon entre sí para controlar el gobierno y muchas veces se aliaron con las clases altas defendiendo intereses que no eran los suyos. Otro problema fue ser reconocidos como nuevos estados, para poder  establecer relaciones políticas y económicas que los ayudaran a resolver sus problemas internos y de límites. Así como enfrentar, las intervenciones europeas y norteamericanas en sus territorios desde mediados del siglo XIX.


Fortalecimiento y modernización de los Estados: El Estado Oligárquico entre 1870 y 1914


Hacia la segunda mitad del siglo XIX los estados tienden a fortalecerse bajo el régimen republicano y a delimitar sus fronteras después de serios conflictos armados. El caudillo patriarcal va desapareciendo para dejar paso al “hombre fuerte” a veces dictador, apoyado por los inversores extranjeros y los sectores privilegiados según la fórmula positivista de “orden y progreso”. Sus gobiernos realizaron fuertes concesiones a las empresas internacionales, como las petroleras concedidas por Gómez en Venezuela y la United Fruit en Guatemala durante el gobierno de Estrada Cabrera. 
Se realizaron estas concesiones económicas como manera segura de consolidar el poder, ya que, a cambio de ellas, se esperaba ayuda exterior para acceder o mantenerse en el gobierno. Estos gobernantes fuertes combinaron poder y modernización a tono con las aspiraciones extranjeras y abiertos al crecimiento económico. El pueblo no intervenía ni opinaba. Desde 1830 se había implantado el sufragio masculino pero se impedía participar a los analfabetos y a los que carecen de propiedades y rentas. Aproximadamente el 5% de la población masculina tenía participación política. Estos gobiernos se apoyaban en los ejércitos nacionales. La aparición de ejércitos regulares, permanentes y profesionales, favoreció la estabilidad política. El ejército se profesionaliza y moderniza, transformándose en factor de poder. Nuevas armas como el fusil de retrocarga y los nuevos transportes y comunicaciones, ayudarán a la afirmación del poder. Se generalizaron los “doctores”, abogados o médicos, que comienzan a actuar en política. América fue gobernada por políticos liberales. La oligarquía provenía de las élites urbanas formadas por comerciantes, intelectuales, empleados públicos y algunos sectores militares. Defendían la libertad de comercio, de las ideas, la libertad de cultos y la separación de la iglesia y el estado. Eran republicanos. Pero su liberalismo se hizo conservador, pues su política favoreció la gran propiedad y el dominio sobre las comunidades indígenas. En la práctica, limitaron los derechos de la mayoría, restringiendo el sufragio y llegando también al fraude electoral. Si bien en la letra de las constituciones todos los habitantes eran ciudadanos iguales ante la ley, en la práctica podían votar los que tuvieran un determinado  nivel de fortuna, por lo que quedaba excluida la mayoría de la población. Estos grupos dirigentes fueron los que organizaron los estados modernos. Se  consolidaron los estados nacionales e impusieron su autoridad grupos oligárquicos que respondían a las demandas comerciales del mercado internacional, es decir a las economías de exportación de productos primarios. Las demandas comerciales de los centros industriales favorecieron el proceso de centralización política, pues para organizar la nueva producción se requería un centro de poder. Los gobiernos contaron con un ejército profesionalizado, una burocracia estatal y pudieron realizar las obras públicas que el progreso demandaba. Así un pequeño grupo detentaba el poder político y el poder económico.

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